Efimeroteca

El blog impersonal de Edgar Seoane


Cuando Neil Amstrong pisó, con la inestimable colaboración de Kubrick, la Luna en 1969, la aventura del programa espacial se paralizó. La empresa de enviar un hombre a la Luna ya tenía ganador. Es evidente que ayudó mucho el que Kubrick fuese americano.


Desde entonces, el presupuesto dedicado para la investigación espacial, se fue reduciendo paulatinamente al ritmo que la NASA cerraba sus futuros proyectos. La figura de Marte, se convirtió en el protagonista principal del espejismo americano. No hacía falta alcanzarlo, la guerra había terminado. A pesar de todos los avances tecnológicos actuales, Marte, sigue siendo un auténtico amasijo de problemas que abarcan desde lo matemático hasta lo sicológico: durante la travesía de tres años podrían surgir duras disputas y diferencias entre el personal, a raíz de la convivencia, poniendo en serio peligro la ejecución de la misión.

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12 28th, 2007


Àlex Pastor plantea la paradoja del sentido de nuestra vida con este potente corto. Vivir una vida al revés, es el sustrato del que se enriquece el argumento: la dirección del flujo del tiempo.


El mensaje de “La ruta natural”, es que nuestra vida no difiere según el sentido del tiempo. Nos movemos irremediablemente hacia el futuro y aceptamos dicha condición como irreversible. Generamos basura, usamos nuestro dinero para obtener cosas, y con el paso de los años acaberemos en algún pequeño apartamento de madera. En un mundo al revés, las emociones y los sentimientos son los mismos aunque en situaciones complementarias respecto a nuestro tiempo. Nuestro nacimiento y nuestra muerte, resultan ser extremos unidos en una misma cuerda. Siempre he pensado que después de la muerte, eres lo mismo que antes de nacer.

Por este motivo, el título de la obra, es un palíndromo (se puede leer la misma frase hacia adelante que hacia atrás). Define con precisión el argumento de la película, un detalle que he encontrado excepcional.

Pero… ¿Se puede plantear el tiempo en sentido inverso?

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“Tendremos que padecer eternamente un número inventado por un bebé”

En 1938, el matemático estadounidense Edward Kasner, acuñó un número extraordinariamente grande: un 1 seguido de cien ceros. Si seguimos la nomenclatura para nombrar los números grandes (millón, billón, trillón, cuatrillón, quintillón…), este número se llamaría “diez mil hexadecillones”. Edward prefería nombrarlo de una manera menos literal ya que el interés de este número es puramente didáctico.

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Así pues, al preguntarle Edward a su sobrino de nueve años, Milton Sirotta, por un nombre, éste le respondió “Googol“.

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Vivimos en un mundo de tres dimensiones. Podemos movernos hacia la derecha y a la izquierda (primera dimensión), hacia adelante y hacia atrás (segunda dimensión), o bien, hacia arriba y hacia abajo (tercera dimensión). Todos los objetos del mundo que nos rodea tienen esas tres dimensiones, y forman lo que llamamos un volumen. Cada una de estas dimensiones es perpendicular a las otras dos formando ángulos de 90º.

Si quisiésemos viajar por la cuarta dimensión tendríamos que tomar una dirección a 90 grados respecto a las tres dimensiones que conocemos.

Como pensar en esa dirección es algo que resulta difícil de imaginar, me he tomado la libertad de crear un mundo de dos dimensiones, para poderlo explicar:

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